Con la llegada del verano, es fácil caer en la tentación de relajarse demasiado en el trabajo, especialmente cuando el clima es cálido y las vacaciones están en la cabeza de todos. No obstante, es crucial mantener la productividad y el profesionalismo durante todo el año. Identificar y evitar ciertos malos hábitos puede hacer una gran diferencia. Por eso hoy hablaremos de los malos hábitos más comunes y cómo hacerlo para combatirlos.
Procrastinación
Empezamos con uno de los hábitos más comunes tanto en el ámbito profesional como en el personal. La procrastinación es una de las grandes enemigas de la productividad. Consiste en atrasar tareas importantes, no porque no tengamos tiempo, sino porque no las queremos afrontar. Normalmente, suelen ser tareas pesadas, que nos generan estrés y pueden afectar la calidad del trabajo, y preferimos evitarlas. Para combatir la procrastinación, es útil establecer plazos realistas y dividir estas tareas en varias partes más pequeñas y ligeras de cumplir.
Falta de puntualidad
Llegar tarde al trabajo o a las reuniones de forma recurrente puede dar una mala impresión y afectar la dinámica del equipo. Ser puntual demuestra respeto por el tiempo de los compañeros/as y ayuda a mantener una rutina eficiente. ¿Cómo podemos dejar de ser impuntuales? Aprendiendo a gestionar bien el tiempo, levantándonos más temprano y saliendo antes de casa, estableciendo alarmas y recordatorios…
Multitarea
Aunque la capacidad de multitarea está vista como una aptitud positiva, suele conducir a una disminución en la calidad del trabajo y a cometer errores, ya que se está en más de una tarea a la vez y es más fácil perder la concentración. Es más efectivo enfocarse en una tarea y completarla antes de pasar a la siguiente.
Interrupciones constantes
Que nos interrumpan constantemente, sean compañeros/as de trabajo, llamadas o mensajes, hace que nuestra atención se fragmente y perdamos la concentración en la tarea que estábamos haciendo. Establecer tiempos específicos para atender interrupciones puede ayudarnos a mantener el enfoque. Por ejemplo, podemos dejar dos momentos del día para revisar notificaciones y llamadas. Es importante comunicarlo a los/as compañeros/as para que lo respeten.
Falta de comunicación
Ligado con el punto anterior, una comunicación deficiente puede generar malentendidos y conflictos en el lugar de trabajo. Es esencial mantener una comunicación clara y abierta con los/as compañeros/as y superiores para asegurar una colaboración efectiva y un ambiente de trabajo armonioso.
Uso excesivo del teléfono móvil
Un uso constante del teléfono móvil para asuntos personales nos distrae y reduce la productividad. Es importante limitar el uso personal durante el horario laboral y reservar momentos específicos para revisar mensajes, sin estar constantemente mirando la pantalla.
Desorganización
Un espacio de trabajo desorganizado nos dificultará la eficiencia y aumentará el tiempo necesario para realizar tareas. Debemos intenter siempre mantener el escritorio ordenado de la manera que nos vaya mejor a nosotros/as y utilizar organizadores para mantener el espacio limpio. De la misma forma, debemos ser ordenados/as con las tareas. Anotarlas en una agenda, por orden de importancia, nos ayudará a no olvidarnos de nada importante y a organizar mejor nuestro día en relación a nuestros cometidos.
No hacer descansos
Trabajar sin descansar puede llevar al agotamiento y por consecuencia a una disminución en la concentración y la productividad. Es importante hacer alguna pausa a lo largo del día para descansar y recargar energías.
Evitar estos malos hábitos no sólo mejorará la productividad individual, sino que también contribuirá a un ambiente de trabajo más positivo y colaborativo. Al ser conscientes de estos comportamientos y tomar medidas para corregirlos, se puede conseguir una mayor satisfacción en el trabajo.